LA OPORTUNIDAD INESPERADA PARA EL CAMPO EDUCATIVO SURGIDA DE LA PANDEMIA COVID-19. UNA MIRADA ESPERANZADORA PARA EL PORVENIR

César Gerardo Márquez Peñaranda1

Institución Educativa Colegio Antonio Nariño de Cúcuta, Colombia.

cesarmarquez.est@umecit.edu.pa

https://orcid.org/0000-0001-5829-4329

 

Judith Margarita Villavicencio Galindo2

Secretaria de Educación Municipal de Cúcuta, Colombia.

judithgalindo.est@umecit.edu.pa

https://orcid.org/0000-0003-4421-3860

 

Leidy Carolina Muñoz Blanco3

Institución Educativa Colegio Antonio Nariño de Cúcuta, Colombia.

leidyblanco.est@umecit.edu.pa

https://orcid.org/0000-0002-9303-6023

 

DOI: 10.37594/dialogus.v1i10.716

Fecha de recepción:13/08/2022        Fecha de revisión:08/09/2022          Fecha de aceptación:12/10/2022

 

 

 

 

1     

Ingeniero Mecánico. Magíster en Educación. Doctorando en Educación UMECIT, Panamá.

2      Licenciada en Biología y Química. Especialista en Pedagogía para el Aprendizaje Autónomo. Máster Intensivo en Dirección de Centros Educativos. Magíster en Educación. Doctorando en Educación UMECIT, Panamá.

3      Normalista Superior Maestra en Preescolar y Básica Primaria con énfasis en Lengua Castellana. Administradora Pública. Magíster en Educación. Doctorando en Educación UMECIT, Panamá.

 

 

RESUMEN

 

El presente artículo pretende rastrear los principales retos que afrontaron los sistemas educativos durante el retorno gradual y progresivo al estudio presencial luego de dos años de estudio desde casa motivado por la pandemia COVID-19. La revisión se fundamenta    en el periodo trascurrido desde marzo de 2020, correspondiente al inicio del confinamiento derivado de la pandemia COVID-19, hasta el actual junio de 2022 que es el tiempo en que se elaboró el presente documento. Fueron objeto de revisión 45 artículos alojados en Google Scholar, Scopus, Redalyc y Scielo publicados en inglés, español y portugués cuya relación con el tema propuesto fue determinada con expresiones clave: “Post-pandemic education”, “Education after COVID-19”, “Challenges of COVID-19 in education”. La elección de los artículos que dieron forma a la discusión está basada en una matriz de datos elaborada a partir de los artículos revisados y para su producción se tuvo en cuenta los rasgos fundamentales del proceso previo al retorno a clases presenciales como fueron la conectividad, la socialización y la salud mental. Los resultados inducen a pensar que los sistemas educativos, luego de lo más crudo de la pandemia, tienen ante sí la oportunidad de revisar sus postulados esenciales y generar procesos adaptativos con el potencial de producir una revolución en la enseñanza en centros educativos. El análisis y revisión busca ofrecer una mirada alternativa al ya conocido discurso desesperanzador que da por sentado que todos los esfuerzos por educar de forma remota durante al confinamiento fueron infructuosos y que el sufrir esta crisis no nos deja ninguna lección.

 

Palabras clave: Educación, pandemia, retos, educación remota, educación presencial.

 

THE UNEXPECTED OPPORTUNITY FOR THE EDUCATIONAL FIELD ARISING FROM THE COVID-19 PANDEMIC. A HOPEFUL LOOK FOR THE FUTURE

ABSTRACT

This article presents an examination of the challenges faced by the educational systems with the return to face-to-face study after two years of studying from home motivated by the COVID-19 pandemic. The review is based on the period from March 2020, corresponding to the beginning of the confinement derived from the COVID-19 pandemic, until the current June 2022, wich is the time in wich this document was prepared. We reviwed 45 articles hosted in Google Scholar, Scopus, Redalyc and Scielo published in English, Spanish and Portuguese whose relationship with the proposed topic was determined with the key expressions: “Post- pandemic education”, “Education after COVID-19”. The choice of the articles that shaped the discussion is base don a data matrix elaborated from the articles reviwed and for its production the fundamental features of the process prior to returning to face-to-face clases were taken into account, such as connectivity, socialization and mental health. The results lead us to think that educational systems, after the worst of the pandemic, have before them the opportunity to review their essential postulates and generate adaptive processes with the potential to produce a revolution in teaching in educational centers. The analysis and review seeks to offer an alternative view of the well-known hopeless discourse that assumes that all eforts to educate remotely during confinement were unsuccessful and that suffering from this crisis leaves us no lesson.

 

Keywords: Education, pandemic, challenges, remote education, face-to-face education.

 

INTRODUCCIÓN

En Colombia, el Ministerio de Educación Nacional por medio de la Directiva 05 de 17 de junio de 2021 instruyó a Alcaldías, Gobernaciones, Secretarías de Educación, docentes y directivos de todas las instituciones educativas del país sobre el retorno gradual y progresivo de los estudiantes teniendo en cuenta las medidas de protección y aforo con el fin de dar


 

continuidad al proceso educativo de manera presencial. Recientemente, ya en 2022, el Ministerio de Salud determinó que a partir del 15 de mayo el uso de tapabocas en ambientes escolares no sería obligatorio. Esta entre otras restricciones que han ido dejando de serlo en muchas partes del mundo, indican que las autoridades sanitarias consideran que lo más difícil de la pandemia COVID-19 ha pasado y es momento de asumir la normalidad y recuperar las condiciones prepandemia, aunque tal vez ya nada será como antes.

 

Y es así como, desde el inicio del confinamiento, era previsible que los cambios en hábitos y aislamiento social terminaran afectando el bienestar general de los estudiantes. Un estudio temprano de Paschke et al (2021) demostró la mayor incidencia de estrés psicológico en el núcleo familiar con consecuencias notables en la desregulación emocional y en el incremento del hábito de procrastinar en cuando menos la tercera parte de las diadas padre- hijo. El estudio revisó también los factores de riesgo sociodemográficos y otros aspectos como el tiempo que se pasa en casa, las preocupaciones económicas y las tensiones familiares.

 

Vogel et al (2021) a través de un estudio con una línea base anterior al COVID y dos puntos temporales luego de las medidas de seguridad (distanciamiento social y confinamiento) encontraron una merma en el bienestar tanto físico como psicológico en niños de nueve años en adelante y adolescentes al comparar la percepción que se tenía de estos dos indicadores de la salud en los meses previos a la pandemia. Esto apoya el temor que los efectos psicosociales que trajo el COVID-19 no son menos severos que los otros síntomas.

 

También los niños más pequeños, de 6 y 7 años, sufrieron desmejora en salud, dificultades emocionales y afectación de la conducta como es reportado por Kurz et al (2022). Además, los investigadores, aunque con un tamaño limitado de muestra-362 niños-, encontraron que los patrones de sueño, la actividad física o los intereses previos en los libros no fueron afectados; esto a pesar que el “tiempo de uso de pantalla semanal” sí tuvo incremento considerable. Previeron problemas de salud tras la pandemia, aunque sin ser concluyentes en lo relativo a posibles diferencias según género.

 

De acuerdo con el Banco Mundial (2020) el impacto en los aprendizajes y trayectorias educativas de niñas, niños, adolescentes y jóvenes fue desigual según la mirada para diferentes países y continentes, distinto poder adquisitivo o género. En algunos países las niñas son excluidas de la educación por razones socioculturales y con el cierre de escuelas la carga de labores domésticas recayó de forma dispar en ellas impidiéndoles mantenerse en la escuela en el largo plazo.


 

Educar en pandemia, todos desde casa, fue un desafío en que fue posible suplir la escuela gracias a que vivimos la era de las redes sociales y del internet con un mundo hiper- conectado. Es cierto, no todos la pasaron igual y la pandemia se cebó en los desvalidos con la amenaza de aumentar aún más las brechas ya existentes. Esta circunstancia hacía  más pesimista la premisa que, al volver a las aulas, encontraríamos que nuestros estudiantes tendrían muy mermadas sus habilidades sociales e incluso las cognitivas.

 

Por fortuna, el desarrollo de los e-learnings en las dos décadas recientes aunado al advenimiento y generalización de las redes sociales paliaron en buena medida las dificultades de estudiar desde casa. La pandemia obligó a los maestros a recurrir a la tal vez nunca explorada por ellos educación remota. Y esto impuso nuevos ritmos ya que esta educación, como las demás, demanda una preparación y diseño cuidadosos que permitan anticipar necesidades educativas y expectativas de los estudiantes.

 

Además, como encontraron Rapanta y Cantoni (2013), para el e-learning se requiere por parte del maestro el desarrollo de empatía, de su discurso y la asunción de roles como componentes relevantes en la preparación de las clases. Con la crisis COVID-19, las instituciones educativas, estudiantes, padres y maestros se vieron repentinamente inmersos en la educación remota con lo que tales habilidades cobraron más importancia.

 

Por otra parte, la pandemia no sólo quebrantó la salud, la economía y en parte nuestro carácter. También produjo brechas y aumentó algunas de las existentes como el abandono escolar o deserción. El informe: “EDUCACIÓN EN PAUSA”, preparado por UNICEF (2020), estimó que 3.1 millones de niñas, niños y adolescentes de américa Latina y el Caribe no volverían a las aulas luego de la pandemia. El mismo documento reporta que en 18 países, la educación secundaria sufriría un decremento en la probabilidad de ser terminada pasando del 56% al 42%.

En este mismo informe, UNICEF insiste en que, si bien la reapertura de las escuelas dependía de cada país y estuvo fundamentada en criterios e indicadores epidemiológicos e indicadores socioeconómicos y de salud pública, debía ser prioridad para los gobiernos. Y el mismo organismo insta a que el retorno seguro a las aulas debe planificarse con miras a la recuperación y con el objetivo general de sentar “las bases para sistemas educativos nuevos y mejorados que sean más pertinentes y equitativos para el mundo actual, así como más resilientes ante futuras crisis” (p. 23).


 

El Grupo Banco Mundial Educación en el 2020 informó que el cierre de las instituciones tuvo costos educativos directos como la interrupción de los aprendizajes, el aumento de la inequidad del aprendizaje y la reducción del apego a la escuela. Además, la crisis económica derivada de la pandemia impactó indirectamente el logro educativo con el aumento de la tasa de deserción escolar, el aumento del trabajo infantil, del matrimonio infantil, el sexo transaccional y la menor inversión educativa por parte de los padres.

 

PNUD LAC (2020) en informe de UNICEF, afirma que el primer impacto de la pandemia en los estudiantes es la pérdida de aprendizajes que puede tener efecto a largo plazo y que estima, en lo que iba de agosto de 2020, de un año de retraso en los aprendizajes. Como es previsible, esta pérdida ha sido más aguda en los más vulnerables y en esto juegan un papel importante las menores oportunidades de conectividad de las familias con menos ingresos y la menor dedicación de sus padres en el acompañamiento académico en el hogar.

 

La reapertura de los colegios, que inició en América Latina con Uruguay, semeja una caja de sorpresas. Durante casi dos años la educación en colegios y universidades se hizo de forma virtual con medios de comunicación muy avanzados y efectivos en unos casos y poco eficientes en otros. Por lo general, las suposiciones de lo que sería volver a la presencialidad estaban siempre enunciadas en clave de pesimismo en cuanto a las cualidades del estudiante que retornaría a las aulas.

 

Una notable proporción de las previsiones que se tenían con el retorno a la presencialidad en las escuelas se fundamentaban en el temor a que las capacidades de nuestros estudiantes se hubieran debilitado, una porción menor de estas ideas premonitorias anunciaba el advenimiento de estudiantes que podrían ser más responsables y empoderados en una actitud de autoaprendizaje. Esto en cuanto al estudiante.

 

Para el ámbito educativo, sólo algunos visionarios aventuraron que la crisis podría traer algo bueno. Y es a esta casi marginal opinión a la que tal vez se ha prestado menos atención, no por ser menos interesante, pero por ser menos visible. Este artículo se propone precisamente hacer una revisión teórica sobre el aserto que la educación en pospandemia conlleva una carga de oportunidades para mejorar los sistemas educativos. Abordar tal proposición implica reconocer la capacidad de resiliencia y de desarrollo de nuevas habilidades ante   las adversidades que tenemos los humanos. Es otra cara de la moneda a la crítica fácil y al manido lugar común que afirma que la pandemia sólo trajo cosas malas.


 

MÉTODOS

El proceso de revisión descriptiva se apoyó en la búsqueda en bases de datos Google Scholar, Dialnet y Scopus con basamento en el criterio de elegir aquellas con mayor significancia respecto de la intención del estudio. Se realizó una exploración descriptiva    en artículos que relacionan las variables “educación”, “desafíos” y “pospandemia”. Fueron sometidos a revisión un total de 45 artículos y los idiomas para los que se hizo la búsqueda digital fueron inglés, español y portugués. Entre éstos, se limitó su análisis a aquellos que mostraron mayor relación con la idea general de los retos de la educación después de la pandemia.

 

De las publicaciones revisadas se extrajo información que fue procesada en busca de obtener significados de los fragmentos de texto y el sentido de los mismos en cuanto a su aporte al tema del estudio desde el paradigma interpretativo abordado por los autores. Se creó una plantilla en Excel y en ésta se organizaron los hallazgos sobre las categorías relativas al interés de la revisión como son: Educación media, educación remota, pospandemia, retos educativos y retorno a la presencialidad. En dicha matriz se clasificaron las publicaciones    o investigaciones con sus autores y los enunciados interesantes por su riqueza propositiva respecto del tema.

 

RESULTADOS

Durante el tiempo que duró el estudio en casa, la salud física y mental de estudiantes  y familias fue afectada a la par que las angustias financieras acrecentaban la desesperanza. El tiempo de “uso de pantalla” aumentó sustancialmente, aunque no parece haber afectado hábitos de sueño o la dedicación a otros intereses de los niños y jóvenes.

 

El común de las opiniones era que el desastre de la pandemia se traduciría únicamente en desperdicio de esfuerzos. En el comienzo de confinamiento luego de establecerse el estudio remoto, ya unas voces desde lo académico y desde el saber común auguraban pérdida irreversible de aprendizajes y desestabilidad del sistema educativo que debía restablecerse con el retorno urgente a las clases presenciales y para continuar como antes de la pandemia.

 

En contraste con esta expectativa de volver a la “normalidad” y “como antes”, la revisión encontró que hay un fuerte fundamento filosófico y sociológico para que la calamidad COVID-19 signifique una oportunidad importante para renovar la educación que no se refiere únicamente a que maestros sean más competentes en lo digital, sino que implica una transformación educativa que parta en las normativas y apoyo estatal y llegue hasta todos los actores del hecho educativo.

 

Para las familias, que abrieron los ojos a su importante papel en la educación de los suyos, los nuevos tiempos le imponen compromisos nuevos o que habían desdeñado con la escuela y con sus hijos. La actuación de los padres y su redescubierta autopercepción como actores educativos importantes moverá a muchos de ellos a perseverar en el apoyo a sus hijos en su instrucción. En general, el punto de vista de Gobiernos, medios de comunicación y maestros sobre su propio papel en la educación también habrá sufrido modificaciones ventajosas.

 

Socialmente el impacto de la pandemia fue desigual pero esta coyuntura también reveló algunas desigualdades que habían sido desatendidas y su consecuente apremio por eliminarlas. En este último sentido, es también una oportunidad que ha salido de la crisis. Los países, ahora con nueva conciencia de lo social, confrontan la exigencia de reducir las brechas y desigualdades.

 

Estas oportunidades, que corren el riesgo de ser desaprovechadas, implican un cambio en paradigmas muy bien establecidos y es posible que se encuentren resistencias. Ya antes de este percance global, estábamos en deuda con la educación y algunos de los objetivos   de desarrollo sostenible en lo educativo, agenda 2030, estaban en mora de ser cumplidos   en muchos países en vías de desarrollo. Esta razón y la falta de compromisos decididos y duraderos de los gobiernos ponen en riesgo la implementación de innovaciones que la Educación requiere.

 

DISCUSIÓN

El retorno a las aulas, luego de uno de las mayores desgracias sociales recientes de la historia actual, ha marcado a los sistemas educativos a tal punto que es posible que la nueva estabilidad sea diferente a la que se tenía antes de la pandemia COVID-19. Entretanto, mientras docentes, autoridades educativas y estudiantes se habitúan a la nueva normalidad, todos están en un novedoso proceso de adaptación y crecimiento. Los más pesimistas presagios mientras sufrimos lo más severo de la pandemia anunciaban el regreso de un estudiante depauperado en sus condiciones cognitivas y motivacionales con una gran dependencia de dispositivos de conectividad y procesos de socialización entorpecidos.

 

Así, cuando los estudiantes empezaron su regreso a la presencialidad tras dos años  de estudio en casa, los maestros y directivos pudieron confirmar muchas de sus predicciones, pero también observaron otros resultados y circunstancias que no fueron previstas. Entonces los educadores tuvieron que encarar ahora los retos de enseñar en tiempo pospandemia y con ello seguramente deberán ajustar sus prácticas para el nuevo público que está ahora habituado a los medios digitales.

 

Esas nuevas disonancias en la educación junto con las fuertes brechas socio-económicas desatendidas por el estado y la falta de políticas públicas, no sólo dejan ver los rezagos de la pandemia, sino el reflejo de las debilidades de un sistema estatal con promesas de   una educación de calidad con justicia social o de oportunidades que fueron desentendidas o postergadas y se exacerbaron a causa de la pandemia.

 

De los docentes también podría enunciarse la necesidad de un replanteamiento de sus prácticas pedagógicas incluyendo en ellas el uso de las tecnologías como una herramienta alternativa que agrega valor al proceso de enseñanza aprendizaje. Pero la mayor preocupación estuvo centrada en el estudiante y de hecho las primeras opiniones de los maestros al recibir de vuelta a sus alumnos en lo relativo a sus habilidades psicosociales y cognitivas, fueron en general desmoralizantes. Los maestros evidenciaron situaciones de apatía, desinterés, falta de motivación, desconocimiento de autoridad, dependencia tecnológica, aunque con el pasar del tiempo y luego de vivenciar procesos de adaptación es probable que mejoren estas deficiencias.

 

Durante la pandemia, la educación debió ser impartida con los nuevos modos digitales y se generó una exigencia más al interior de las familias, como declara en su tesis de grado como periodista María Fernanda Savigliano (2020): “muchos adultos debieron añadir a  sus tareas del día estar presentes constantemente para asistir a sus hijos” (p. 5). Y añade que inevitablemente esto condujo a nuevas desigualdades en que hogares con mayor disponibilidad de tiempo, espacios amplios en sus viviendas y padres con nivel educativo alto tenían mejores oportunidades de acompañamiento y éste era de mejor calidad comparado con el de las familias viviendo en hacinamiento y padres de menor nivel educativo.

 

Inevitablemente, ante esta nueva intempestiva forma de hacer las cosas, sobrevinieron las críticas. María Elisa Bongiovanni coordinadora del grupo EDUCREA, citada por María Fernanda Savigliano (2020), sentenció “Este es un año perdido. La educación mediada por la tecnología hoy en el país sólo exige evidencia de cumplimiento, y no aprendizaje con sentido. Se evalúa que el alumno cumpla, pero no que aprenda, que piense. Para esto, es necesario que tenga un vínculo directo con el docente, que se vean las caras, que se  sienta parte, que se sienta involucrado en el aprendizaje, es necesario habilitar el intercambio. Todos aspectos que la educación remota no termina de contemplar” (p. 14).

 

Con respecto al rol de los padres en este contexto, Elisa hace una diferencia entre aquellos que estaban presentes, que acompañaban “como podían” el proceso educativo de sus hijos y quienes, tal vez menos favorecidos por las circunstancias, delegaban esa responsabilidad en manos del sistema.

 

Y aquí Elisa también advirtió sobre la vuelta a clases: “el año próximo será otro año de desafíos; nivelar entre aquellos que sostuvieron la continuidad escolar a distancia y aquellos que se desconectaron totalmente del sistema educativo” (p. 14). Explica que lo realmente desafiante es evitar que la brecha entre altos y bajos sectores aumente su extensión y, consecuentemente, los estudiantes de hogares vulnerables carentes de recursos tecnológicos y con padres sin nivel educativo suficiente, irremisiblemente quedarían desplazados o excluidos.

 

Estas visiones pesimistas sobre la enseñanza y aprendizaje durante el confinamiento, dieron paso a la realidad del regreso a la presencialidad. Y todos los supuestos están en proceso de ser contrastados con la tozuda realidad según lo permita el paso del tiempo. Por ahora, los jóvenes han mostrado que no todas las preocupaciones que se tenían de retornar al aula tras dos años en casa se vivieron de la forma prevista o, al menos, no con la gravedad esperada. En buena medida, éstas se muestran en progresiva superación en el intento de regresar a la normalidad escolar.

 

Es comprensible que hasta antes de la pandemia en general los maestros habían infravalorado algunos de los rasgos que componen el ambiente estudiantil y el contexto    del estudiante. En muchos casos toda la vida estudiantil estuvo centrada en las aulas o, si mucho, a las áreas contiguas. La crisis descubrió la poca importancia concedida a la vida e interacción social en la planeación de las prácticas y añadió un componente esencial en tiempos de confinamiento, cual es la dimensión digital. Sin lugar a dudas, enraizada en la carencia de esta última, se acrecentó la desigualdad educativa en la pandemia.

 

Al tornar a las aulas, la prioridad fue recuperar aprendizajes para evitar consecuencias duraderas en las oportunidades de la niñez y la juventud. En su informe “COVID-19: Impacto en la educación y respuestas de política pública” el Grupo Banco Mundial Educación (2020) especifica esta prioridad. Además, el informe indica varias medidas para lograr el propósito que van “desde la mejora en las evaluaciones en el aula hasta métodos pedagógicos y planes de estudio más focalizados”.

 

Ya en la escuela, es necesario entonces acelerar el aprendizaje. El Banco Mundial (2020) prevé que, tras la pandemia, el punto de vista de medios de comunicación, de padres y maestros, así como del Gobierno y demás actores educativos habrá cambiado sobre su propio rol en el proceso educativo. Es muy probable que los padres comprendan la importancia de trabajar junto con las escuelas para mejorar la educación que reciben sus hijos. Los maestros reconocerán limitaciones digitales propias no resueltas y se mejorará la comprensión de la brecha digital. También ocurrirá que muchas inequidades serán reveladas más visibles y con ello su urgencia de reducirlas.

 

En el aspecto sociológico, Morin citado por Rodríguez (2020) advirtió que “La crisis general y gigantesca provocada por el Coronavirus debe ser vista también como el síntoma virulento de una crisis más profunda y general del paradigma de occidente”. Inevitablemente el nuevo paradigma toca uno de los nervios vitales de la sociedad como es el sistema educativo. De las lecciones vividas y aprendidas, saldrá la nueva cartilla de cómo debemos afrontar la educación en los nuevos tiempos. Tal vez vendrán nuevas formas de hacer el trabajo en el aula como pueden ser reconfigurar las prácticas docentes y generar mayor empatía y asertividad en las relaciones interpersonales llevando paralelamente el proceso formativo con las nuevas tecnologías.

 

Las familias jugarán un papel decisivo -como lo hicieron durante la pandemia- en la recuperación de los aprendizajes. La interacción estudiante y familia ha sido reconocida y capitalizada en buena medida por los establecimientos educativos que buscan vincular a la familia en los procesos y dinámicas institucionales sensibles a su participación. Pero aún con esta expectativa, Novo y Prada en el 2016, encontraron que la comunicación en de escuela a familia está limitada a un solo sentido. Y, por otro lado, la familia se centra principalmente en las necesidades de sus hijos. Esta asimetría debe corregirse y esto significa reconstruir la relación Escuela-Familia.

 

Para Zhao (2020) la crisis COVID-19, más allá de los daños que ha representado, es una oportunidad para repensar la educación que no debe centrarse en el imperativo inespecífico de “mejorar la educación” sino ser concreto para responder las preguntas “qué”, “cómo” y “dónde” aprender en el proceso que deben vivir las escuelas para reinventar la educación que deberíamos esperar después del COVID-19. En este mismo tono, Zhao afirma que el brote pandémico producido por el virus SAR-CoV-2, aunque afectó todos los aspectos de la vida humana destruyendo normas, patrones y rutinas, amén de las desastrosas revelaciones de lo peor de los humanos y de sus Organizaciones, ofrece una oportunidad para cuestionarnos lo tradicional y repensar las normas y las instituciones.

 

Destaca Zhao a la escuela como una de las instituciones afectadas y de la cual puede hacerse restructuración. Afirma que la crisis es una oportunidad para reinventar la educación dado que las instituciones educativas fueron pensadas en tiempos en que nuestra comprensión del aprendizaje y de sus actores era completamente distinta, así como fue diferente en lo tocante a la sociedad y la economía. Un punto crucial para su razonamiento es la pausa en la escolaridad, provocada por el confinamiento. Para él, esta pausa es una oportunidad. Y dicha oportunidad es particularmente extraña y especial: Los líderes educativos y los gobiernos pueden repensar la educación y la forma como ésta se ha impartido desde hace mucho mientras corrían tiempos de relativa normalidad.

 

En cuanto a los cambios necesarios, Zhao, Y., Watterston, J. (2021) especifican tres grandes cambios centrados en: Plan de estudios personalizado, Pedagogía centrada en estudiante y, finalmente, una instrucción que aproveche las fortalezas tanto de la enseñanza sincrónica como de la asincrónica. En adición a lo previo, según reporta un artículo de El Tiempo (7 de junio 2020), investigadores de la Universidad de Pekín encontraron que, en cuanto al uso de medios tecnológicos para el aprendizaje remoto, son más efectivas sesiones cortas de entre 15 y 30 minutos. De aquí se sigue un cuestionamiento y reflexión de cuán efectivos son nuestros modelos educativos vigentes en que los estudiantes pasan muchas horas en el aula con poco descanso.

 

Así que, tanto escuelas primarias, secundarias y universidades, deberían reimaginar cómo debería ser la educación. Zhao, Y. (2020) en su artículo “El Tofu no es queso: repensar la educación en medio de la pandemia de COVID-19” plantea una queja recurrente sobre cómo la Educación como campo, en comparación con otros como la Medicina o la agricultura, no ha progresado de la misma manera. Esto posiblemente se deba a la pérdida de oportunidades de proponer cambios relevantes en la Educación y la pandemia y el tiempo de estudio remoto dieron una ocasión que tal vez esté siendo desperdiciada.

 

En el mismo artículo, Zhao postula que debemos reconsiderar lo que vale la pena enseñar y aprender. En lo más crudo de la pandemia, ésta obligó a cancelar exámenes importantes con lo que la presión de “enseñar para el examen” fue pausada. Las admisiones de algunas universidades tuvieron en cuenta evidencias adicionales o diferentes a las de    las pruebas estandarizadas. Estas y otras razones no menos valiosas significan para Zhao    la necesidad de promover las que él llama “competencias globales” y que define como las que “permiten el conocimiento para comprender la interdependencia global, la economía global, los problemas globales y los conflictos globales, así como el deseo y la habilidad de tomar acciones para traer cambios positivos al mundo para que todos los seres humanos vivan en paz y compartan prosperidad”.

 

El Grupo Banco Mundial Educación (2020) concuerda con que la crisis debe tomarse como una oportunidad de reconstruir sistemas educativos que sean más sólidos y equitativos que antes. Ya desde la pandemia el Banco Mundial promulgaba que la planificación de un futuro mejor debía comenzar ya, es decir, en el corriente tiempo de pandemia. Además, con una visión y acción proactivas puede lograrse que de la recuperación se genere un crecimiento real.

 

En el caso concreto de Colombia, Luz Karime Abadía Alvarado, codirectora del Laboratorio de Economía de la Educación (LEE-Universidad Javeriana en Colombia), afirma que es importante mantener involucradas las herramientas digitales de forma transversal en los currículos por cuanto esto les permite ser más novedosos y eficientes en la enseñanza    y el aprendizaje. Para ella, esta medida ha comprobado impulsar el desempeño escolar y disminuir la deserción escolar. Postula además que Colombia tiene la posibilidad de diseñar políticas públicas efectivas para involucrar las tecnologías digitales como es habitual en los mejores sistemas educativos y para lo que es necesario extender la conectividad, capacitar a maestros y dotar a los colegios de herramientas tecnológicas.

 

CONCLUSIONES

El género humano ha mostrado a lo largo de su existencia una notable capacidad de adaptación y recuperación ante las amenazas y peligros y en virtud de este talento la especie ha superado las crisis ya sean naturales o creadas. De la misma forma, los productos de la cultura humana se han modificado para encarar los desafíos como ocurre ante la más reciente amenaza pandémica, COVID-19, frente a la cual las instituciones modernas reaccionaron en consecuencia.

 

El mundo, ante un panorama desalentador, de cara al evento impensado como lo fue la pandemia y con los evidentes problemas estructurales sobrevenidos del modelo económico global, aunado a las deficiencias de un sistema moderno de protección social deficiente, reaccionó inicialmente con una débil respuesta frente a la pandemia del coronavirus.


 

Para el sector educativo, la afectación del confinamiento produjo estragos que tardarán en ser subsanados y dicho detrimento se cifra en la pérdida de aprendizajes, la afectación psicosocial y la interrupción de trayectorias educativas. Esto además de otras implicaciones menos evidentes.

 

La llegada de la pandemia y su impacto se dieron en un momento donde la educación en algunos países se venía replanteando y afrontaba diversos problemas y nuevos retos. Con ella se desató una abrupta interrupción o estancamiento en los diferentes espacios del contexto educativo que fue compelido a buscar respuestas para tratar de neutralizar los daños. El desafío pedagógico predominante exigía minimizar las repercusiones negativas consecuencia del cierre de las escuelas.

 

La pandemia del COVID-19 nos aleccionó que debemos estar en disposición a reinventarnos permanentemente, que es un deber moderno estar preparados para enfrentar los desafíos que implica la adaptación. Este reacomodo, en lo social y particularmente lo educativo, implica cambios de paradigma en beneficio de las nuevas formas de aprender desde lo virtual, lo semipresencial o presencial y desde la autonomía y el autoaprendizaje.

 

La vida familiar se vio perturbada de manera inesperada con la pandemia. Por primera vez, se produjo un cierre total de las instituciones educativas y se adoptó el modelo de educación en casa. Esto conllevó a un cambio de repentino de las prácticas en el sistema educativo tradicional y casi nadie estaba preparado para esto. Abruptamente, de un día para otro, las rutinas y cotidianidades se vieron alteradas con la migración imperiosa del face-to- face hacia lo digital remoto.

 

Yestas nuevas dificultades se sumaron a las deficiencias existentes. Antes de la pandemia muchos países estaban muy lejos de cumplir con el Objetivo de Desarrollo Sostenible #4 el cual compromete al mundo garantizar una “educación inclusiva, equitativa y de calidad, y de promover oportunidades de aprendizaje durante toda la vida”. Muestra de esta deuda es que hasta el 2020, inclusive, la escolaridad universal de calidad a nivel primaria no se había alcanzado en muchos países. Antes de la pandemia, el 53% de los niños de 10 años en los países de bajo o mediano ingreso, no puede leer ni comprender un texto simple según lo reporta el Banco Mundial (2020).

 

El aciago suceso que impactó la salud mundial también reveló la apremiante necesidad de implementar las nuevas tecnologías. La generalización del uso de plataformas digitales para lograr dar continuidad al proceso formativo y no detener los propósitos de la educación. A pesar de esto, la paralización del proceso educativo presencial y el paso al entorno virtual intensificó las desigualdades y amplió aún más las brechas sociales. Se produjo abatimiento del panorama educativo y se pospuso una serie de desafíos pendientes de resolver.

 

Aun con esto, el sistema educativo se convirtió en un elemento fundamental durante esta crisis y desató la participación de diferentes sectores de la sociedad civil además de fomentar alianzas para fortalecimiento de decisiones estatales con el consecuente logro de minimizar el sesgo educativo. Y esta participación y altruismo se consolidó ocasionalmente en compra y donación de equipos móviles y contratación de planes de conectividad. Ante   la fuerza de la circunstancia, en muchos casos las clases llegaron a aquellas zonas remotas donde mantener el proceso de formación escolar había sido casi imposible.

 

Cabe resaltar que si los sistemas educativos ya reflejaban desigualdades asociadas a los ritmos, formas, métodos de enseñanza, disponibilidad del material didáctico, tecnología, y condiciones de infraestructura, la pandemia saco a la luz inequidades socio-económicas existentes en los hogares. Las condiciones habitacionales, las limitaciones de acceso a servicios públicos, el bajo nivel de ingresos, uso de la tecnología y conectividad además de los recursos cognitivos de padres y adultos a cargo que fueron algunos de los factores que condicionaron la continuidad pedagógica al momento de la suspensión de clases presenciales. Son estos temas tan importantes para la comprensión cabal de las oportunidades y dificultades del sector Educación que justifican una vez más el recurrente reclamo de construir una política educativa de calidad.

 

Si bien, al menos en apariencia, la tecnología y la enseñanza remota parecían ser la solución ante la urgente necesidad de conservar y garantizar el aprendizaje desde casa,    esta trajo un nuevo rol que a los padres como acompañantes forzosos para mediar entre las pantallas y los estudiantes sin importar la disparidad de herramientas y habilidades para llevar adelante en conjunto el proceso formativo. Con esto, padres menos preparados o más ocupados, no pudieron brindar un acompañamiento de calidad.

 

El ambiente familiar se vio afectado y la alianza entre la familia y la escuela se hizo más imperiosa para lograr el trabajo educativo desde casa. Viéndose inmersos en una convivencia de tiempo completo, distribuido entre teletrabajo y acompañamiento pedagógico, algunas dinámicas familiares fueron alteradas.


 

En la escala de las políticas, la pandemia dejó el reto de revisar, identificar y delimitar los problemas suscitados por ella. Es indefectible para las autoridades educativas elaborar un encuadre de las necesidades y posibles alternativas de solución y teniendo en cuenta los contextos sociales para planificar los procesos de continuidad, recuperación y reinvención del modelo educativo imperante.

 

Desde este enfoque, es natural que los docentes están llamados a realizar un proceso de análisis, reflexión y reinvención de su práctica con la incorporación de estrategias como el aula invertida, los modelos híbridos y el uso de aparatos tecnológicos que potencien y dinamicen la transformación de la práctica pedagógica. Siguiendo este ejemplo, todas las instituciones deben aunar esfuerzos para mitigar las consecuencias dejadas por la pandemia y mejorar la problemática existente en el ámbito escolar antes de ella, durante ella y después ella.

La pandemia golpeó a la sociedad y nos abrió los ojos. Sería gran necedad no prestar la atención debida o no tomar lección y continuar como antes de la ella. Los organismos estatales encargados del bienestar social y de la educación tienen ante sí, abierta la puerta de enfrente, la entrada a un mundo futuro con mejor prevención y mejor capacidad de respuesta. Ya que la globalización predispuso el desarrollo de las pandemias, de ella deben surgir las alianzas y la colaboración para mitigarlas junto con los problemas derivados de estas.

En suma, un esfuerzo conjunto hará posible desarraigar la inequidad del aprendizaje, minimizar la brecha digital y lograr mejorar la situación de los lugares desfavorecidos que se encuentran dentro de la estructura de la educación colombiana para garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad con oportunidades de aprendizaje para todos durante toda la vida (ONU, 2015).

 

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

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DIALOGUS ISSN Impreso:2519-0083. ISSN Electrónico:2644-3996. Año 6. Número 10. Diciembre 2022 - Mayo 2023